Cuentan que cierta vez un compañero de equipo, enojado porque el habilidoso rival se les iba una vez más, le gritó al Bambino Veira: “¡Correlo, Bambino!”. Y el argentino contestó: “Correlo vos, que para eso te acostás a las ocho”.
La anécdota, bastante conocida, resume bien la esencia del fútbol y del deporte en general. La simpatía que despierta el desenfado del talentoso, el entusiasmo que contagia el que no da una pelota por perdida. El talento y el esfuerzo no suelen ir por el mismo camino. Cuando lo hacen, surgen los cracks, los genios que nos alegran la vida o nos la arruinan cada fin de semana, pero nunca nos dejan indiferentes. “El esfuerzo emociona, el arte sensibiliza”, definió Menotti.
Si bien el esfuerzo no es garantía de éxito, generalmente constituye una importante dosis del mismo. El talento, por otro lado, si no es acompañado de la voluntad para superarse, puede dejar destellos inolvidables y al mismo tiempo una sensación de vacío tan difícil de describir como de llenar. El que se levanta a las seis de la mañana cada día para ir a trabajar necesita del arte que cada domingo le ofrece el delantero talentoso, o el artista de la raqueta, o de cualquier otro deporte.
El deporte trasciende fronteras e ideologías políticas porque tiene relación indisociable con esta esencia humana. Después vienen la profesionalización y la plata, la organización política del deporte y los derechos de imagen, marketing, patrocinantes y otras yerbas que, aun siendo bastante engorrosas para la mayoría, no han matado a la gallina de los huevos de oro sino más bien todo lo contrario. El entrenamiento a veces puede asesinar el talento, pero esto suele ser una excepción más que la regla. Lo mismo sucede con la profesionalización y la alegría de vivir, con la disciplina y la pasión.
Por lo menos esto pensamos nosotros, un grupo de jóvenes que apuesta por sumar en este sentido, y en la necesaria profesionalización del deporte como una herramienta de gran ayuda para el desarrollo humano y social.
Desde este portal pretendemos aportar nuestro granito de arena, como un primer paso hacia el objetivo urgente e importante de profesionalizar el deporte en nuestro país. Lo haremos con esfuerzo, tanto para elogiar la tarea del deportista, que con su talento ya ha asegurado el porvenir de su familia, como para comprender al obrero que se “calienta” desde el andamio porque algún jugador privilegiado declaró, que no ha llegado más lejos porque no le gusta entrenarse.
Para ello contamos con un selecto equipo de jóvenes periodistas formados en el medio local con el que iniciaremos un arduo camino hacia la meta de hacer un periodismo distendido, sin perder el rigor objetivo, ni nuestra identidad de uruguayos.
Esperamos recorrer junto a nuestros lectores un largo camino a través de esa aventura de emociones que nos depara el deporte.