Hace algunas semanas estuve viviendo una semana de tenis en el ATP de Santiago. Lamentablemente acá en Uruguay ya hace unos cuantos años que no tenemos el privilegio de poder tener un torneo de ese tipo. Así que acepté la invitación de un amigo tenista para ir a Santiago. El programa era bueno, hotel 5 estrellas ubicado en una buena zona de la ciudad, clima ideal, tenis desde adentro y algún paseo por la city.
Me fui pensando que entre partido y partido íbamos a tener la posibilidad de salir a recorrer y conocer un poco Santiago. Capaz comer alguna comida típica acompañada de un excelente vino chileno, pero lamentablemente estos programas no son los que hacen los tenistas.
Como buen invitado, y como apasionado del deporte estuve en todos los entrenamientos, entradas en calor, elongamientos pospartido y por supuesto en cada partido de singles y dobles. En los ratos libres salí solo a conocer y caminar un poco por Santiago, que dicho sea de paso es una ciudad preciosa. Los chilenos se han crecido mucho y tienen una ciudad llena de autopistas y edificios vidriados uno al lado del otro. Un ejemplo de ciudad en Latinoamérica.
Volviendo un poco a esta columna deportiva, lo que les quería contar es que los tenistas no conocen los lugares a los que van. Día a día van del hotel al club y del club al hotel. Se levantan tarde, desayunan bien, vuelven a la habitación y más tarde salen para el club.
Una vez en el club, van a la cancha de entrenamiento, juegan máximo media hora y van a la sala de jugadores a esperar el partido. Las comidas no son las típicas de cada lugar, desayunos fuertes pero sanos, al mediodía pasta sin salsas y algunas carnes y ensaladas por las noches. De camino y salida por el club, es imposible caminar tranquilo, fotos, firmas y prensa todo el tiempo.
El blackberry es clave. Es su conexión directa con su mundo. Hablan con sus amigos por ahí, con sus familias y se comunican entre ellos a través del chat. Sueñan y trabajan duro para llegar al domingo. La noche del domingo es la que se festeja. Perder antes, es pensar en cambiar el pasaje y la cabeza para encarar la semana siguiente lo antes posible. No puedo decir que sea dura la vida del tenista. Mucho lujo, mucho glamour pero los tipos están trabajando, hay poco tiempo para conocer y por lo general están viajando con su coach, preparador físico y nadie más.
De cualquier forma, ¡qué sueño poder llegar al ATP! Si pudiera, ¡viajaría todo el año!
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